La sexualidad también importa cuando se vive con fibromialgia
Galán López Q. Natalia; Sosa Romero Natalia; Tufiño Franco Frida S.
La Fibromialgia (FM) es una enfermedad caracterizada por dolor crónico generalizado, fatiga, trastornos intestinales, alteraciones del sueño, disfunciones cognitivas y problemas del estado de ánimo. Se estima que entre el 2 y el 8% de la población mundial padece de fibromialgia (Siracusa, et al., 2021).
La evidencia indica que los síntomas característicos de la enfermedad pueden alterar el funcionamiento sexual y viceversa (Gallach et al., 2018). El dolor generalizado limita el movimiento y favorece la anticipación negativa ante el contacto físico; la fatiga reduce el deseo y la disponibilidad para la actividad sexual; el sueño no reparador se asocia con un estado de ánimo negativo y menor tolerancia al esfuerzo; las alteraciones cognitivas afectan la concentración y la experiencia subjetiva del placer.
Algunos autores mencionan que la depresión asociada a la FM puede ser uno de los principales predictores de disfunción sexual (Gallach et al., 2018; Erdem & Ustabaşıoğlu, 2023); aunque, Tikiz et. al. (2005) sugieren que su influencia es parcial y no explica por sí sola las dificultades sexuales observadas en esta población. En consecuencia, deben considerarse también los efectos secundarios del consumo de fármacos utilizados tanto para el manejo del dolor, como de las comorbilidades psiquiátricas (Gallach et al., 2018; Tikiz et al., 2005). Por ejemplo, el uso de pregabalina y gabapentina pueden afectar la lubricación, la sensibilidad genital y la capacidad orgásmica, mientras que los antidepresivos particularmente los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina, se asocian con la disminución del deseo sexual, dificultades de excitación e incapacidad para alcanzar el orgasmo – o anorgasmia- (Sánchez-Sánchez et al., 2013).
Aunque la disfunción sexual se ha estudiado en diversas enfermedades crónicas, su análisis específico en personas con FM sigue siendo limitado. Históricamente, esta problemática ha recibido escasa atención tanto en la literatura científica, como en la atención clínica (Orellana et al., 2008). Más allá de las manifestaciones físicas, la disfunción sexual puede afectar la calidad de las interacciones interpersonales y la dinámica de pareja, favoreciendo la aparición de conflictos, insatisfacción y distanciamiento emocional; asimismo, se asocia con disminución de la autoestima, aumento del estrés y un deterioro significativo de la calidad de vida (Sánchez-Sánchez et al., 2013).
La sexualidad constituye una dimensión clave para el bienestar (físico y emocional), pese a ello, es un tema que se aborda escasamente en los espacios de atención a la salud, lo que promueve el aislamiento emocional, la culpa y la tensión en las relaciones de pareja. Adicionalmente, algunas mujeres con FM también reportan cambios en su autoimagen y con respecto a su percepción de la feminidad y la identidad personal (Sánchez-Sánchez et al., 2013). Comprender cómo se afectan estos procesos es un primer acercamiento hacia el diseño de intervenciones integrales, sensibles y ajustadas a la experiencia real de la población, favoreciendo el abordaje multidisciplinario, la educación sexual informada, el manejo adecuado del dolor y el fortalecimiento de recursos emocionales.
Abordar la disfunción sexual en el contexto de las personas que padecen FM – y enfermedades crónicas en general- es fundamental para visibilizar las experiencias y necesidades sexoafectivas de las y los consultantes. El análisis que a continuación se presenta, busca dar reconocimiento a la sexualidad como un componente importante para la adecuada atención de personas con FM, adicionalmente, se enfatiza la necesidad de incorporar evaluaciones y estrategias específicas para atender esta dimensión de la vida, especialmente desde las instituciones de salud.
Con el fin de explorar la relación entre fibromialgia y sexualidad, se analizaron los datos de 194 personas atendidas en la Fundación Mexicana para la Fibromialgia (FUMEFI) en el periodo del 2024-2025. El análisis se enfocó en conocer las principales problemáticas de la práctica sexual que las personas asocian con la enfermedad de FM.
Del total de la muestra (n=194), el 42.3% (n=82) reportaron tener afectaciones en su vida sexual vinculadas a la enfermedad (Véase Figura 1).

También se identificó que: como consecuencia específica del dolor el 40.2% de las personas perciben que su práctica sexual se ha vuelto insatisfactoria y el 36.6% indicó que su práctica sexual es escasa o inexistente (Véase Figura 2).

El dolor limita mucho más que el movimiento, también puede generar una anticipación negativa hacia los encuentros sexuales, transformando la totalidad de la experiencia sexual.
Los datos también muestran que las afectaciones en la sexualidad no ocurren de manera aislada (Véase Figuras 3 y 4). El 29.3% de las participantes reportó que la actividad sexual con su pareja le genera malestar emocional, mientras que el 50% señaló que el distanciamiento de pareja -frecuentemente asociado a las dificultades de vivir con FM-, ha contribuido de manera importante al deterioro de su vida sexual.


Los datos sugieren que el impacto de la FM trasciende a los síntomas físicos, extendiéndose hacia las relaciones afectivas y a la forma en que las personas experimentan la intimidad. Un hallazgo particularmente relevante es que el 87.8% de quienes reportaron afectaciones sexuales, indicaron haber tenido una vida sexual satisfactoria hasta antes del inicio de la enfermedad (Véase Figura 5). Lo cual sugiere que dichas dificultades no corresponden a problemas preexistentes, sino que, se desarrollaron o se intensificaron como consecuencia de los cambios y desafíos asociados a vivir con FM.

En otras palabras, para muchas personas la FM modifica mucho más que la forma en que se experimentan el dolor o la fatiga; también transforma la manera en que viven la intimidad, la sexualidad y la relación de pareja. Por ello, visibilizar la relación entre sexualidad y FM resulta fundamental para evitar que las dificultades sexuales se continúen interpretando como problemas exclusivamente individuales o relacionales, y en cambio, se entiendan como parte de la experiencia integral de vivir con FM.
Los datos obtenidos en FUMEFI permiten dar voz a una realidad que muchas personas viven en silencio: la enfermedad permea las áreas más íntimas y personales de quienes la padecen, afecta la vida de múltiples formas y bajo diversas circunstancias.
En resumen:
- La mitad de las participantes reportó algún tipo de afectación sexual asociada a vivir con FM
- Tres de cada diez personas presentan malestar emocional en la intimidad con su pareja y cinco de cada diez, considera que la FM propició el distanciamiento
- Cuatro de cada diez personas identifica al dolor como el principal responsable de la insatisfacción sexual o de la pérdida total de las interacciones sexuales
Las dificultades en la sexualidad asociadas a la fibromialgia no se limitan al malestar físico, también se involucran la fatiga persistente, el distanciamiento en la relación de pareja, el malestar emocional que limita la intimidad y la sensación de que una actividad que antes resultaba natural y gratificante, se ha convertido en una causa de preocupación, estrés o sufrimiento para muchas personas.
Que casi el 90% de quienes reportaron afectaciones sexuales hayan señalado que su vida sexual era satisfactoria antes de la enfermedad, constituye un recordatorio importante de que estas dificultades no siempre estuvieron presentes. Reconocer esta realidad es el primer paso para poder comprender el problema y abordarlo de forma adecuada.
Aunque la sexualidad sigue siendo un tema poco discutido en el contexto de las enfermedades crónicas, su atención representa una valiosa oportunidad para promover el bienestar integral de las personas con FM y dolor crónico. La evidencia científica sugiere que fortalecer los vínculos afectivos, la cercanía emocional, el apoyo de la pareja y las experiencias de conexión interpersonal pueden contribuir favorablemente al afrontamiento de la enfermedad y a mejorar la calidad de vida de quienes la viven.
No obstante, es importante reconocer que la salud sexual no se reduce a mantener una determinada frecuencia de actividad sexual ni a cumplir con expectativas sociales sobre cómo debería vivirse la intimidad. Cada persona experimenta este aspecto de su vida de manera distinta, y sus necesidades, deseos y posibilidades pueden cambiar a lo largo del curso de una enfermedad crónica.
Desde esta perspectiva, promover la salud sexual implica favorecer espacios de comunicación, respeto y comprensión que permitan a cada persona y a cada persona construir formas de intimidad acordes con sus circunstancias, preferencias y bienestar. Asimismo, es importante reconocer que la salud sexual no siempre implica mantener contacto sexual con otras personas. Para algunas personas, puede significar tomarse un tiempo para sí mismas, redefinir sus prioridades, explorar otras formas de afecto o simplemente sentirse cómodas con el nivel de actividad sexual que desean tener en determinado momento de su vida.
Más que responder a expectativas externas o a un supuesto “deber ser”, el objetivo es que cada persona pueda vivir su sexualidad de una manera satisfactoria, segura y coherente con sus propios valores, necesidades y decisiones.
Agradecimientos:
Las autoras expresamos nuestro más sincero agradecimiento a: Daniela López Olguín, Eduardo Castillo Pimentel, Jaquelin García Martínez, Ximena Calderón Becerril, Sofía Sánchez Galán, Fernanda Acevedo Guiot, Rubí Olvera López, integrantes del equipo encargados de la recolección, registro y organización de la información utilizada en este estudio. Su compromiso, profesionalismo y dedicación fueron fundamentales para garantizar la calidad de los datos y hacer posible el desarrollo de este trabajo.
Muy especialmente, agradecemos a todas las personas participantes. Su disposición para compartir sus experiencias, vivencias y reflexiones constituyen el trabajo en sí mismo. Reconocemos el valor que implica hablar sobre aspectos personales de la vida cotidiana y de la experiencia de vivir con fibromialgia. Esperamos que los resultados contribuyan a visibilizar sus necesidades y a promover una atención más sensible e integral para quienes viven con esta condición.
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REFERENCIAS:
Erdem, İ. H., & Ustabaşıoğlu, F. (2023). Evaluation of sexual function and depression in female patients with fibromyalgia. Revista da Associacao Medica Brasileira (1992), 69(7), e20230180. https://doi.org/10.1590/1806-9282.20230180
Gallach, E., de Juan, A., García-Blanco, A., Izquierdo, R., Robled, R., Fenollosa, P., Desé, J. y Canos-Verdecho, M. (2018). Sexo y dolor: la satisfacción sexual y la función sexual en una muestra de pacientes con dolor crónico benigno no pélvico. Rev Soc Esp Dolor. Vol. 25 (3), pp. 145-154. DOI: 10.20986/resed.2018.3600/2017
Orellana, C., Casado, E., Masip, M., Galisteo, C., Gratacós, J., & Larrosa, M. (2008). Sexual dysfunction in fibromyalgia patients. Clinical and experimental rheumatology, 26(4), 663–666. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18799102/
Sánchez-Sánchez, F.; González-Correales, R.; Jurado-López, A.R.; San Martín-Blanco, C.; Montaña-Hernández, R.M.; Tijeras-Úbeda, M.J.; Benitez-Moreno, J.M.;
Siracusa, R., Di Paola, R., Cuzzocrea, S., & Impellizzeri, D. (2021). Fibromyalgia: Pathogenesis, mechanisms, diagnosis and treatment options update. International Journal of Molecular Sciences, 22(8), 3891. https://doi.org/10.3390/ijms22083891
















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